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Alfabetización Científica: Formación inicial, experiencia docente y pensamiento del profesorado | Alfabetización Científica: Formación inicial, experiencia docente y pensamiento del profesorado |
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ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2005. NÚMERO EXTRA. VII CONGRESO 1
MARTÍN-DÍAZ, M.J. IES Jorge Manrique, C/ Mar Adriático, 2, 28760 Tres Cantos. Madrid mmarti77@encina.pntic.mec.es
Palabras clave: CTS; Naturaleza de la ciencia; Alfabetización científica; Formación inicial; Pensamiento del profesorado.
INTRODUCCIÓN
La investigación didáctica siempre preocupada por lograr una educación científica de calidad para todos y todas, es decir, una calidad inseparable de la equidad, ha generado en las últimas décadas diferentes movimientos
que no han encontrado en las aulas el eco que hubiese sido deseado. Diferentes autores (Hodson, 1993; Martín-Díaz, 2004; Fensahm y Harlen, 1999) hemos tratado de analizar las razones que puedan justificar
esta escasa repercusión de distintas investigaciones didácticas fuera del círculo donde se generan. El profesorado y sus circunstancias parecen ser considerados el punto clave. En un estudio anterior, un grupo
de expertos en investigación didáctica y profesores innovadores parece coincidir en este punto (Martín- Díaz et al. 2004).
Efectivamente, el profesorado es el agente activo de los cambios, ya
que es el nexo de conexión entre los deseos de la investigación o las
intenciones educativas expresadas en los currículos y los alumnos. Pero
en
el profesorado, por un lado, múltiples son las variables que pueden
condicionar su pensamiento (Martín- Díaz et al., 2004) y, más aún, su
acción; y por otro, se ha descrito (Hodson, 1993; Abd-el-Khalick et.
al.,
1998) la falta de correlación en algunos casos entre pensamiento y
forma de actuar en el aula, precisamente por el elevado número de
variables que pueden condicionar ésta. En cualquier caso, suponer que
cierto
conocimiento o pensamiento determina una acción, o lo que es lo mismo
es condición necesaria y suficiente para que se produzca una acción,
puede pecar de cierto grado de ingenuidad, porque en general están
bastante
asumidas, por un lado, la falta de coherencia entre el pensamiento y la
acción en la condición humana,
y, por otro, la dependencia de la actuación en el aula de factores
múltiples (Hodson, 1993), que dificultan
enormemente, en ocasiones, esta coherencia. Pero, sí que parece más
evidente que sin tener un determinado conocimiento (Abd-el-Khalick, et
al. 1998)) es más difícil actuar en consonancia con él. En resumen,
determinados conocimientos no generan determinadas acciones, pero sin
esos conocimientos, son poco probable dichas acciones. El pensamiento
es condición previa a la acción, aunque no suficiente. El
profesorado puede querer pero luego no saber o poder hacer, o puede
saber pero no saber hacer. En este sentido, Bartholomew et al.(2004)
concluyen que para enseñar naturaleza de la ciencia, además de unos
conocimientos son precisos otros factores, como un cambio en la
concepción del papel del profesor, de transmisor a facilitador del
aprendizaje; un cambio en el discurso de la clase, que debe ser más
abierto y
dialogante; un cambio en los objetivos del aprendizaje, haciendo
hincapié no sólo en la adquisición de conocimientos sino también en el
desarrollo de capacidades y, finalmente, la elaboración y realización
de
2 nuevas actividades que unan contenidos con procesos; factores todos
ellos, que consideramos también
necesarios para un buen aprendizaje en general y no sólo de la
naturaleza de la ciencia.
Empezando, pues, por el pensamiento, consideramos interesante conocer lo que piensa el profesorado
sobre unos ámbitos fundamentales para caminar hacia una alfabetización científica, como son:
Una vez conocido ese pensamiento, para tener herramientas para influir
en el mismo es preciso analizar qué variables llegan a conformarlo o
influyen en él. Por esta razón, analizamos la incidencia de la
formación
inicial –licenciatura- y el tiempo de experiencia en el pensamiento del
profesorado. Para ello elaboramos tres cuestionarios, uno sobre
naturaleza de la ciencia y relaciones CTS; otro sobre finalidades de la
enseñanza de las ciencias y otro sobre inclusión de temas de ciencia
frontera; que contestaron 285 personas de distinta formación inicial
(desde Filosofía a Ciencias Experimentales), distinta profesión
(profesores
de secundaria y de universidad, científicos y estudiantes del FIS y de
Magisterio) y con distinto tiempo de experiencia. Para el análisis de
datos se hizo primeramente un estudio individual de los items. A
continuación,
se buscó u agrupamiento mediante análisis de factor, sometiendo las
dimensiones obtenidas a
estudios de fiabilidad (método Cronbach). Finalmente, se realizó un
análisis de varianza (ANOVA) para
ver la influencia de las variables (formación inicial, género, edad y
tiempo de experiencia docente) en el pensamiento del profesorado. La
limitación de espacio nos lleva a presentar las conclusiones sin
mostrar
los resultados estadísticos.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
En resumen, sobre la importancia concedida a la enseñanza de la
naturaleza de la ciencia y las relaciones CTS en las clases de ciencias
experimentales, podemos señalar las siguientes conclusiones:
Respecto a las finalidades de la enseñanza de las ciencias y otras
cuestiones relacionadas se obtienen las siguientes conclusiones:
En resumen, parece halagüeño señalar que la naturaleza de la ciencia y las relaciones CTS obtengan puntuaciones elevadas entre los profesores de ciencias experimentales; pero la diferencia mostrada con los profesores de ciencias sociales y filosofía, parece indicar deficiencias en la formación inicial de aquellos que debían ser subsanadas y que ya han sido señaladas en la literatura. Aunque el punto de partida es importante: una buena predisposición a la enseñanza de ciertos contenidos, que podría ser realmente mejorada con una formación inicial universitaria más acorde a los conocimientos actuales, tema francamente difícil en nuestro país; no podemos olvidar que sólo estamos valorando un pensamiento trascrito en un papel, donde el grado de compromiso es nulo. Como señalábamos en la introducción, el escollo es como llevar a cabo este pensamiento al aula por razones diversas. En primer lugar, porque a los profesores nos gustaría saber hacerlo y tal vez no sabemos y, en segundo lugar, porque existe una gran cantidad de variables que condicionan nuestra actuación en el aula. La mayoría de nosotros hemos recibido una enseñanza disciplinar, academicista, además de positivista, donde lo importante era “lo que sabemos” frente a “cómo lo sabemos” (Bartholmew et al., 2004); lo que Duschl (1990) ha denominado “ciencia en su forma final”. Además nunca nos enseñaron cómo “dar clase”. La experiencia va dando forma para las aulas a los conocimientos universitarios. Sería deseable que con la naturaleza de la ciencia no ocurriese lo mismo. Sería necesario un plan de formación inicial, formación permanente y evaluación externa, totalmente coordinado, que actuase de apoyo al profesorado para dirigir la educación científica hacia metas acordes con el tiempo actual. Anteriormente (Nieda et. al,2004), hemos defendido que una evaluación externa, planificada formando parte de un proyecto a medio y largo plazo, con una función estrictamente formativa y con un apoyo al profesorado en activo, es un buen motor de cambio para la educación científica. La naturaleza de la ciencia y las relaciones CTS deberían formar parte de esta evaluación externa. Para finalizar, señalar la necesidad de reflexión por parte del profesorado sobre las finalidades de la enseñanza de las ciencias, su papel en el currículo y su obligatoriedad. En principio, nuestros resultados muestran que una mayoría del profesorado se decanta por una alfabetización científica y una educación de la ciudadanía, pero el dilema se centra, en cómo hacerlo; en la selección de contenidos, en la imbricación de los contenidos “más científicos” con los que versan sobre sus implicaciones sociales. BIBLIOGRAFÍA ABD-EL-KHALICK, F., BELL, R.L. y LEDERMAN, N.G. (1998) The nature of science and instructional practice: making the unnatural natural. Science Education, 82 (4), 417- 436. BARTHOLOMEW H., OSBORNE J. y RATCLIFFE, M. (2004) Teaching students ideas-about-science : Five dimensions of effective practice. Science Eduaction, 88 (5), 655-818 DUSCHL, RA. (1990) Renovar la enseñanza de las ciencias. Importancia de las teorías y su desarrollo, Madrid: Narcea. FENSHAM, P.J. y HARLEN, W. (1999) School science and public understanding of science. International Journal of Science Education, 21 (7), 755-763. FURÍO, C., VILCHES, A., GUISASOLA, J. y ROMO, V. (2002) Finalidades de la enseñanza de las ciencias en la secundaria obligatoria ¿Alfabetización científica o preparación propedéutica?, Enseñanza de las ciencias, 19 (3), 365-376. HODSON, D. (1993) Philosophical stance of secondary shool science teachers, curriculum experiences and children´s understanding of science, Interchange, 24, 41-52 MARTÍN-DÍAZ, M.J., (2004) El papel de las ciencias de la naturaleza a debate, Revista Iberoamericana de Educación (versión digital), 33, 2, http://www.campus-oei.org/revista/deloslectores/692MartinDiaz.PDF. MARTÍN DÍAZ, M.J.; GUTIERREZ JULIAN, M.S., y GÓMEZ CRESPO, M.A. (2004) ¿Hay crisis en la educación científica? El papel del movimiento CTS, Perspectivas CTS na Inovaçao de Educaçaoen ciencia, III Seminario Ibérico CTS no Encino das Ciencias, Universidade de Aveiro. NIEDA, J., CAÑAS, A. y MARTÍN-DÍAZ, M.J., (2004) Evaluación del aprendizaje de los alumnos en Ciencias de la Naturaleza a los 12,14 y 16 años, Visor-Cátedra UNESCO. SCHWARTZ, R.S. y LEDERMAN, N.G. (2002) It´s the nature of the beast: The influence of knowledge and intentions on learning and teaching nature of science. Journal of Research in science teaching, 39 (3), 205-236. |
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